miércoles, 22 de abril de 2015

Real Madrid 1 Atlético de Madrid 0 (Champions): Chicharito y la intensidad del número 12

Si bien por primera vez en siete partidos la pizarra de Ancelotti ha superado a la desgastada tiza de Simeone, James ha mostrado su buen momento de forma también ante el Atleti e Isco ha ido de menos a más... que ninguna de estos datos os engañen. Dicen que la publicidad se centra en ensalzar el valor añadido de un producto para que optes por él en lugar de por otro; pues bien, esta noche el valor añadido del Real Madrid ha sido un Bernabéu hermoso, de los que retrotraen la cantinela de ¿qué tendrá el fútbol para conseguir semejante entrega y espectáculo?, de los que justifican e incluso revalorizan hasta la entrada más cara, una de esas "noches mágicas europeas".


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 Todas y cada una de las gargantas que desde horas previas estaban con el equipo merecían una réplica de los suyos, que mirando hacia arriba y encontrando 80.000 almas volcadas, hallaron la tensión y garra que también gana partidos, más allá de la calidad individual o colectiva. Eso, y el nuevo héroe madridista que reunió en menudo cuerpo las anteriores cualidades en la búsqueda incesante del único gol de la elminatoria: Chicharito se cuela en el corazón blanco y en la -durante casi 180 minutos- portería de Oblak. Real Madrid 1 Atlético de Madrid 0, y los blancos a su quinta semifinal consecutiva.

'Hoy nos dejamos el alma. Vosotros en el campo, nosotros
en la grada'. Así fue.

Mensaje para los derrotistas; entonad antes de nada el mea culpa. La autocrítica para quienes se olvidaron de que el nombre de este equipo pesa no sólo por su realeza, sino por méritos y trayectoria. Porque los blancos, a menudo jugosas presas contra la que todo depredador grande o pequeño se crece, en Europa encuentra el hábitat natural y se convierte en cazador. No importa si se pierde a uno o a tres titulares, el equipo es plantilla, no alineación de gala. Y si encima un Ancelotti con más bemoles que argumentos en contra -y ya es decir- repite con Ramos en el centro del campo acompañado por detrás de dos centrales, además de Coentrao, podéis imaginar cuánto se disfrutó al ver que el modelo funcionaba. Que sólo Tiago se atrevió a dar dos pases verticales, pues el Atlético, ayudado por un planteamiento ultrapasivo de Simeone, no sólo no se atrevió, sino que renegó del par de destellos que tuvo asediado por un Madrid que nunca perdió la colocación y que, muchos minutos mediante, profundizaba cada vez más.


Cristiano lo intentó sin éxito; pero insistió hasta
que, sin encontrar el gol, dio la asistencia.
No fue el día de Cristiano Ronaldo, ni el de Carvajal ni tampoco el de Isco y, sin embargo, las salpicaduras de lucha y entrega de la grada, como la simpatía al feo, que le hace más guapo, imprimieron una imagen de pundonor en la que no sólo se tapaban los defectos, sino que se aplaudía y elogiaba la persistencia, la intensidad, el empuje, la furia. Porque a corazón, también ganan los blancos. Quizá ésa era la clave; contra un equipo que cada vez más apuesta por el antifútbol, el juego bronco -si bien esta vez, salvo Raúl García nuevamente y alguna que otra patada de más, el ambiente fue bastante deportivo- y la eterna espera y deseo del balón parado o el córner. Cuaderno de bitácora: ningún equipo que celebre los saques de esquina merece meterse en las semifinales de Champions.

Minuto 87, James profundiza para Cristiano y éste, mientras es
derribado, sirve a Chicharito.
James en cambio lo poco que hizo lo volvió a hacer bien, mostrando el camino a Isco: circulación, asociaciones, movimientos entre líneas... de hecho fue así como llegó el gol cuando el árbitro comenzaba a mirar el cronómetro para pitar el final: minuto 87, profundidad de James, Cristiano sirve a la vez que es derribado en claro penalti y Chicharito, sin aliento ni energía pero todo sentimiento, empuja la pelota y a más de 80.000 personas a la apoteosis. 
El que la sigue, la consigue. Chicharito fue el mejor del partido.
Entre medias una expulsión, la de Arda Turán por doble amarilla, que poco influyó en el partido, muy al pesar rojiblanco: el Real Madrid era claro dominador y si alguien iba a por el partido eran ellos; si alguien rezaba porque llegasen los penaltis, eran los de Simeone. En Europa las reglas cambian y el Madrid se transforma; olvidaron los rojiblancos que el Real no es de los que se mira y recrea en las medallas que cuelgan de su uniforme europeo, sino que desempolva y prepara los huecos vacíos para albergar la siguiente. La Undécima.


Jesús Clemente Rubio

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